miércoles, 11 de noviembre de 2009

Vendedor ambulante de Dulces!

El toque de queda despues de la comida. Sentarse a esperar que pase el dulcero, para comerse un rico dulcito hecho de manera casera.

El vendedor de dulces era casi siempre un jovencito, de tez negra, delgado, y siempre de prisa, con la bandeja de dulces enganchada en el hombro, sosteniéndola con las manos. Los dulces, eran pequeños, del tamaño de la boca de una cuchara amplia.

Los sabores eran para todos los gustos; de leche, leche con maní, maní, naranja, coco, coco con leche, quineo, y guayaba. Todos eran a peso. El dulcero salía alrededor de la una de la tarde, e iba anunciado sus pequeños manjares por todo San Juan, casa por casa, con el sol quemándole hasta la sombra y el calor turbándole el andar.

Cuando el dulcero llegaba a la puerta de mi casa, se armaba un corre corre peor que el que se arma en Inespre, todo el mundo voceando : “quiero de leche, yo de guayaba”…y el pobre dulcero sudado, sin saber por dónde empezar a repartir.

Recuerdo, que a mi perro Tesoro, había que darle su dulce también, que tenía que ser de leche, si no, había que esconderse a comerlos, porque T armaba una algarabía.

¡Me acuerdo de esas tardes, y puedo ver lo dulce que a veces es la vida!

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