jueves, 2 de julio de 2009

Tarde.

6:40. a. m. Me cogió el sueño esta mañana. Me levante pasmada con el remordimiento de llegar tarde al trabajo con el anti-profesional motivo de que se me pegaron las sabanas.
Tomo mi ducha lo mas rápido que puedo. Enciendo el televisor mientras mi falda se desliza sobre mi y ajusto mi sostén amarillo. Empiezo a maquillarme y a recoger la cartera, y en eso veo mi reloj que anuncia las 7: 15 de la mañana... Rayos pero llegare a las nueve¡
Termino lo mas rápido posible, cierro la puerta y bajo el primer escalón de mi cuarto piso, y de repente siento que mi estomago me aulla, ya que, se me olvido desayunarme, pero ya son las 7:30. Pensé dentro de mi, lo rápido que vivía mi vida, y como me perdía de los pequeños momentos de ella, por estar siempre de prisa, que la universidad, que el trabajo, que la casa, que la familia, el fin es que a veces siento que estoy viva porque alguien me lo acuerda.
Lo pensé mejor, y si, me devolví hacia mi apartamento, deje mis cosas en el mueble, y me prepare un rico desayuno, y me lo comí con tanta calma, que me dieron las ocho deleitándolo. A esa hora salí, mientras tomaba mi bus veía la gente encarada, furiosa y preocupada porque llegarían tarde a sus trabajos, a sus clases o a sus destinos.
Pienso que a veces debemos de parar un poco, y perdernos en esos pequeños momentos, ya que el tiempo nunca lo recuperaremos. Entonces, para que mortificarse tanto por un día que llegues tarde, es mejor llegar quince minutos tarde al trabajo y que tu jefe te regañe, a que después que seas viejo, añores con dolor el tiempo que perdiste en cosas que al final, no te sirvieron de nada.

1 comentario:

pablo Lopez dijo...

y que te dijoo tu jefe cuando llegaste?